martes, 13 de septiembre de 2016

Pintura abstracta y abstracción

(W. Kandinsky)
Ya he comentado en varias ocasiones que soy admiradora y disfrutadora total y absoluta del arte del siglo XX incluyendo las vanguardias y el arte abstracto y que me encantaría ser capaz de transmitir a los que me rodean las emociones estéticas e intelectuales que me provoca.
Tal es así que incluso en mi blog de cocina he publicado varias páginas dedicadas a ello, incluida ésta que, modificada y actualizada, publico hoy en el lugar que verdaderamente le corresponde.

Se trata de un pequeño resumen (que me perdonen los estudiosos del tema).

Fue Wassily Kandinsky, pintor ruso, el que en el año 1910, pintó su primera acuarela abstracta.


Con ella nació una nueva forma de representación artística. Una forma que se atrevió a prescindir de la representación formal de los objetos, de reproducirlos de forma fiel o “fotografiarlos” para centrarse en la expresión de emociones y sentimientos, “cocinando” para ello el cuadro con los ingredientes más puros, con los más puros valores pictóricos: el color, la forma y la textura.




Muchas personas piensan que un cuadro abstracto lo “cocina” cualquiera: coges 100g de rojo concentrado, 250g de amarillo a brochazos y 60g de azul diluído y el horno hace el resto. Pero un cuadro abstracto no es eso. Un cuadro abstracto requiere un profundo conocimiento de la composición, del color, de la técnica, aunque el autor lo ejecute con libertad expresiva. Conviene sin embargo diferenciar entre “abstracción” y “abstracto” La abstracción tiene su origen en la realidad. El pintor parte de un objeto real y lo va depurando y resumiendo, va cocinando un “fumet”, un morteruelo… Al final, pueden quedar trazas de la imagen o resultar ésta irreconocible.


Cuando paladeas un morteruelo (u otros platos) ni te imaginas de qué cantidad de carnes o ingredientes está compuesto. También el pintor ha podido prescindir de la realidad (ese ingrediente aparentemente tan imprescindible) desde el principio y trabajar solamente con formas y colores que selecciona y elige por su valor y fuerza expresiva.


Paul Cézanne (1839-1906), padre y precursor de todas las vanguardias posteriores) fue el pintor que inició el camino de la simplificación de la forma; buscó en todos los objetos que pintaba su forma geométrica esencial (cubo, prisma, esfera…). Fue un verdadero Ferran Adrià de la pintura, pero su trabajo no fue comprendido en su momento y la crítica le trató con ferocidad.



El cubismo siguió el camino marcado por Cezanne y descompuso o recompuso esas formas puras y esenciales en múltiples fragmentos, intentando así plasmar numerosas perspectivas de lo representado. Algo así como un plato compuesto de los mismos ingredientes preparados de distintas formas y servidas todas en la misma fuente.



Y llegaron las vanguardias. De tener que elegir una vanguardia, yo me quedo con el constructivismo y dentro de él, con una pintora genial: Liubov Popova, una de las artistas más importantes de la vanguardia rusa de principios del siglo XX.


En la pintura de Popova se ve claramente cómo los colores y las formas no se colocan al azar sino que siguen un criterio muy concienzudo, muy racionalizado.


Popova cocina sus cuadros meticulosamente, con formas y colores muy estudiados. No deja nada al azar. No hay una especia espolvoreada por capricho, a ver qué tal queda.

La pintura abstracta, elimina la “historia” o anécdota que nos cuenta un cuadro figurativo y queda así libre para poder representar estados interiores del artista, emociones y sentimientos de gran intensidad tanto intelectuales como espirituales.


Esto es lo que ocurre con la pintura de Rothko. Este pintor americano llega a lo más profundo y esencial, prescinde totalmente de la forma y se centra en el puro color, en su valor luminoso, en sus combinaciones y contrastes.


Sus cuadros de capas opacas y luminosas de pintura sobrepuesta, emanan una luminosidad, un sentimiento y emoción que van directamente al alma del espectador. No hay nada en el cuadro que te distraiga de la emoción pura que te está transmitiendo. No sé cómo expresar lo que siento contemplando los cuadros de Rothko. Solo puedo decir que cuando tuve la ocasión de contemplar alguno al natural, lloré de emoción.

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