viernes, 17 de febrero de 2017

Dibujar, dibujar y dibujar


Hay muchas personas que disfrutarían un montón dibujando o pintando y no se deciden a hacerlo porque piensan que les saldría mal.

Parece que creen que cada vez que cojan en la mano un lápiz o un pincel deberían transmutarse en un Velázquez o una Sofonisba y si no consiguen una obra de arte como las que ellos conseguían, la tarea ya no merece la pena.

Pues no y no. Estamos muy equivocados si pensamos eso.

También estamos equivocados si pensamos que la primera vez que manejemos una técnica, ha de parecer que llevamos toda la vida haciéndolo.

Mirad este dibujo que os muestro hoy: me trajeron los Reyes una preciosa caja de pinturas de palo de mina blanda, una preciosidad de caja con unos colores maravillosos.

Hasta ese momento yo apenas había pintado con lápices de colores pero no me amilané. Al contrario, lo que vi fue una nueva forma de pasármelo bien y una posibilidad de desarrollar una nueva técnica.

El resultado de los primeros trabajos deja bastante que desear: si os fijáis en la frente de esta mujer, los colores no están muy bien ligados, se notan demasiado los pases de la mina, además, metí la pata con el papel que elegí como soporte: uno de grano excesivamente grueso pero... aprendí, quedé muy satisfecha y me lo pasé muy bien.

A la siguiente vez ya saldría mejor.