miércoles, 2 de marzo de 2016

Dibujar con carboncillo


El carboncillo (ramitas o palitos de madera de sauce quemada) es el medio ideal para realizar esbozos o esquemas de dibujo como paso previo a una pintura pero también se utiliza por si solo para realizar dibujos o composiciones.
Además de los palitos, hay también en el mercado unas barritas de carbón comprimido y lápices de carbón. Éstos últimos son más densos y duros y producen tonos más oscuros pero tienen el inconveniente de que no se borran por lo que su uso es más reducido: se utilizan sobre todo para resaltar partes del dibujo y conseguir negros profundos.

Después de aprender a manejar los lapiceros normales de punta media o blanda, suelen venir los trabajos a carboncillo.
Con esta técnica se familiariza uno con las luces, las sombras y los volúmenes y se aprende a traducir a escala de grises los diferentes colores con sus diferentes valores de claridad u oscuridad.

El carboncillo de la lámina que os muestro hoy lo hice copiando una lámina a color de un calendario (creo que de Romero de Torres pero no estoy segura).

Antiguamente, los profesores de dibujo, te obligaban a realizar unas cuantas de estas láminas sin ninguna intención artística. El objetivo era artesanal: que aprendieras la técnica y cogieras soltura.

Como podéis observar, el fondo está hecho con palitos de carbón y difumino; el corpiño, el pelo y los toques de la boca y los ojos, con lápiz de carbón. Las luces se consiguen con goma blanda cortada en bisel. Otro día insistiré más en la técnica.

Para conservar los dibujos a carboncillo hay que pulverizarlos con un fijativo y guardarlos en carpetas separados con papel de seda.

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